Extracto del libro: Como humo. Puede usted, querido alienígena, descárgalo aquí: https://www.safecreative.org/work/1309235808351-como-humo-libro-ia-y-iia-parte-fernandez-r-

 

O en la portada que ve, con esos ojitos que Dios le dio, a su izquierda.

 

Oración 8ª. Jesucristo: No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros (Mateo 7, 6.12-14)

 

      Doy una voltereta, sueño con muertos, se me seca la boca. Algunas mañanas, desde tan lejos, me llega el olor del mar. Brilla en mí la luz y por mis venas corre agua santa que neutraliza cualquier veneno.

Dulce, con luces en la cara, vestidita con falda corta, algo perfumada, con los ojos como dos mundos, empiezas la noche. Dulce, con estrellas en la cara (¡tanta estrella y tanta estrella, la hostia, joder!), con rayos de luz

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violeta en la mirada, voluptuosa y contenida, ¡Me rompes el corazón!, me alegras la vida. Doy una voltereta, sueño con muertos, me suda los cojones tener la boca seca, porque yo me río. Princesita, princesita de la noche, te beso.

      Me importa una puta mierda. Brasas, brasas de fuego. Rosas, rojas, rojas. No hay nada. Nubes. El agua en mis zapatos. El olor a vinagre. Son las dos y media de la tarde. Lluvia. Vinagre. Son las dos y media de la tarde y huele que da asco. Estáis comiendo mientras el tiempo lo consume todo. La luz de tus ojos. La nieve. El tiempo lo consume todo. En la niebla, seguimos comiendo en la niebla. Son las dos y media de la tarde. Nunca es la misma hora. Como agua entre las manos se va la vida, escurriéndose mientras nos desangramos. Seguimos comiendo. Los edificios, las casas, los días. Nada. Todo es nada. Nada. Los días, los domingos, el frío, la desolación. Calles a las cinco de la tarde, infernales. Supermercados con gente comprando y con cajeras muertas. (Pocas he visto yo que estén buenas, la verdad). Bolsas. Espejos. ¡Hay gente tan fea, Dios mío! Bla, bla, bla, bla...Voy a repetir todos mis movimientos, voy a confirmar así que existo, que existís, que hay realidad. Un hierro al rojo vivo, una brasa de carbón, toda la sangre de todos los más humildes (que son unos cabroncetes también, no te creas) embadurnando nuestras putas caras de robots. Comed, cerdos. Comed. Hasta llevar los libros al colegio nos daba vergüenza. Pequeñito horror, pequeño pueblo; escupitajos en el suelo; ahorcados; borrachos; pequeñito e infernal pueblo. Amado río, negro, por el carbón. Nos bañamos y salimos sucios, amado río negro, porque el agua venía de los lavaderos donde otros muertos habían sacado el carbón de la Tierra, de su sangre, de su puto corazón, el de ellos. Amado río negro, ¡que asco me

das! Tardes de verano, cielo violeta, azul fuerte, violeta, naranja. Se fue. Todo. Quiero que mi sangre sea lluvia y que os tiña de rojo y os emborrache como si fuera vino. Colgaros de un árbol. Brasas, el Tiempo. Habré visto dos o tres sonrisas sinceras en mi vida. Uno o dos gestos puramente nobles. En estos gestos, en estas sonrisas vive mi presente, vive mi futuro. Moriré, ¿y qué? Azul del cielo, azul del mar, violeta de mis pensamientos, rojo de mis ojos irritados. ¿Sabes?, escribo con mi sangre, ella es la tinta, y la fuente, mi fuente. Río negro. Carbón.

      Princesita de ojos negros. Música de Bach. Tu ropa, así, de cualquier manera. Ojos negros, pelo negro; cejas pobladas y oscuras, negras; nariz grande: frente perfecta; labios entre finos y gruesos, sí; ovalada tu cara. Tu cuello. Princesita de ojos negros. Donde tú estás yo ya no volveré jamás, y a ti te pasará lo mismo. ¿No ves el tiempo, no ves a este pitañoso cruel, cobarde, invisible, imparable y hijo de puta? ¿No lo ves? ¡No hay Dios que lo detenga!, que no hay Dios; que sí hay Dios; no sé nada de nada.

 

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